NUEVO PANORAMA DESPUÉS DE LA CRISIS
13/11/2011
 
La crisis iniciada en 2008 por la banca, ha sumido a casi todos los países occidentales en una depresión financiera. Se trata de la peor recesión después de la de 1929 y lo más preocupante es que todavía no estamos seguros de haber salido de ella. Se ha terminado un período que duraba más o menos inalterado desde el final de la segunda guerra mundial. Del “mundo nuevo” que está surgiendo tenemos ahora una visión parcial ya que no podemos adivinar y comprender, desde ya, todas las implicaciones que se irán desarrollando en un futuro a corto y medio plazo.

Escenario mundial
Los operadores económicos, las empresas y los gobiernos se mueven sin mapa o con un mapa incompleto. Pero las empresas no pueden permanecer quietas esperando la llegada de tiempos de mayor certeza para actuar. Para sobrevivir deben continuar moviéndose en un territorio desconocido con el alto riesgo que entraña y a expensas de múltiples variables que surgen cada día y complican el maltrecho panorama mundial. Es el mundo nuevo y complicado que nos toca vivir.

En este contexto el simposio ‘Produrre innovazione’ organizado por Tecnologie Meccaniche con el patrocinio de la asociación italiana UCIMU-Sistemi per Produrre ha dado una importante contribución a la hora de acercar pareceres y modos de actuación útiles con los que trazar una nueva ruta.

También es verdad que en un mundo global, la crisis y las sucesivas recesiones no son globales. El área mas golpeada engloba a Estados Unidos, Europa y a los países mas estrechamente conexionados y económicamente dependientes de estas dos grandes potencias. Los países BRIC han sufrido el shock de forma más ligera y más brevemente. Mientras los estadounidenses y europeos llegaban a perder el 7-8%, China, India y Brasil se limitaban a ralentizar su crecimiento anual a cifras entorno al 15%. Las sucesivas fases de crecimiento del ciclo de negocio ha confirmado el mismo esquema: mientras los países BRIC han comenzado a crecer con fuerza sobre todos los frentes (con la novedad añadida y positiva del aumento del consumo interno), los países occidentales sufren un estancamiento incierto, los mercados internos siguen estancados y la tasa de desempleo es elevada.

Puntos de vista de los expertos
Si el desencadenante de la crisis ha sido de naturaleza financiera y bancaria, el explosivo que la está devastando está constituido por factores más básicos. Una parte del mundo consumía más de lo que producía y otra ahorraba más de lo que consumía. De aquí la creación de un gigantesco desequilibrio complicado por los mercados financieros y que ha desembocado en una situación global artificial y deficitaria. Estos aspectos, después de una introducción de Secondo Rolfo, director del Ceris-CNR de Turín y moderador de las dos jornadas del simposio, fueron el centro de la conferencia de Gian Maria Gros-Pietro, profesor ordinario de Economía de la Empresa de la Universidad Liuss Guido Carli. Esta crisis no es coyuntural, si no la consecuencia de un cambio estructural de los equilibrios económicos globales.

En los últimos decenios, la doctrina económica dominante ha difundido el modelo de la deslocalización de la producción industrial con grandes beneficios para los países “avanzados” regidos por una economía de servicios.

La industria manufacturera ha emigrado a los países que ofrecían trabajo a bajo costo, mientras que en su patria han florecido los bancos. Pero el cambio, al final, no ha funcionado. Las razones son complejas, pero una es la base de todas las otras: mientras la producción industrial implica un proceso en cascada que aporta valor añadido sobre una larga cadena de subcontratistas (de productos y servicios), creando por lo tanto empleo y beneficios a un gran estrato social, esto no sucede o sucede de forma reducida en el caso de una inversión bancaria donde el beneficio es generado por las transacciones financieras realizadas por unos pocos operadores expertos.

Pero, ¿qué nos espera en un próximo futuro?

Las altisonantes declaraciones sobre la necesidad de reformar el sistema financiero para que no se repita otra crisis sistémica, han generado una suma de buenas intenciones que se han mantenido sobre el papel, pero las malas acciones se han convertido, todavía peores y con desequilibrios globales más peligrosos.

La Banca Central americana, la FED, ha continuado inundando el mundo del dólar con fondos de reservas para sostener como sea la recuperación económica. Pero después de tres años de mucho trabajo para los impresores de dólares, el crecimiento americano es bajo e incierto, no genera puestos de trabajo y no se incrementan los consumos de las familias. En compensación la FED readquirió la deuda pública federal (una maniobra peligrosa) y la banca dispone de gran liquidez que no se utiliza para inversiones industriales ni para especulaciones sobre materias primas. Los precios de éstas están en máximos históricos creando problemas a la recuperación. Pero no es culpa de la avidez de los especuladores: es el efecto natural de una inflación que en esta fase económica no se manifiesta con el binomio precios-salarios, sino con la progresiva devaluación del dinero respecto a ciertas categorías de bienes reales. Es una inflación selectiva, que incide en la estela de los precios de los metales y de la energía, los bienes reales de los que el mundo emergente está escaso.

¿Habrá una segunda crisis?
Los economistas más críticos nos ponen en guardia frente al riesgo de una segunda crisis que puede tener consecuencias aún más graves que la primera. Porque si la primera nacía del fallo del sistema bancario y financiero, la segunda lo hará del desastre de los balances de los gobiernos, endeudados primero para salvar la banca y después para mantener la economía. La deuda total de EE UU (instituciones públicas, familias y empresas) se estima en un 389% del PIB, que en el área euro nos situamos en el 324%.

Los países más débiles son de hecho considerados ya técnicamente fallidos: Grecia, con desesperadas tentativas de salvación, no han hecho más que agravar el inevitable ajuste de cuentas. Pero esta situación no es sólo para Grecia, el contagio podrá extenderse como la pólvora a otros países con sus cuentas tocadas. Como se ha visto recientemente, Portugal, España o Italia no son inmunes a ello. Las razones son dos: la primera radica en una falta de crecimiento. Una economía que crece a intereses satisfactorios no preocupa a los acreedores, ellos saben que la deuda podrá ser pagada, o el crédito transferido y en cada caso los intereses serán abonados. La cosa cambia cuando el crecimiento del PIB no es mayor, pero la deuda continúa. Los acreedores actuales y potenciales son mucho más puntillosos. Los intereses suben y se acelera también la actitud de quitarse con prisa los bonos si el país que los ha emitido empieza a parecer no creíble. La segunda razón es totalmente financiera: la ingente masa de liquidez inmersa en el circuito financiero de los mismos gobiernos son una potencia mucho mayor a a la capacidad de defensa de las más fuertes bancas nacionales centrales o supranacionales.

Este es el escenario más negro. Pero hay otros con connotaciones menos alarmantes.

Pero cuál será el curso de los eventos, habrá tempestad o calma moderada. Hoy no lo podemos predecir y de todas maneras ningún individuo o empresa puede escapar a ello. Pero las empresas deben de estar preparadas a navegar sea cual sea la fuerza de las olas. Como buena noticia y aunque los mares locales estén un poco revueltos, la perspectiva para algunos sectores industriales, como el de la máquina-herramienta en general, continuarán sosteniéndose por macroproyectos favorables. La fuerza que guía el crecimiento económico global se asienta plenamente en el trabajo. Como explicó Gros-Pietro, la población mundial (futura oferta de trabajo y demanda del consumo) continuará creciendo aunque con fuertes desequilibrios en diversas áreas. La acumulación de capitales física crece, gracias a la globalización que ha industrializado grandes partes del mundo. Los créditos crecientes en estas áreas destinarán una cuota creciente del producto pesado a las inversiones que a su vez repercutirá en el necesario circuito virtuoso: producción- crédito- consumo. Análogas razones han hecho evolucionar un salto a la productividad del sistema global, en cuanto a las ingentes masas humanas que han pasado rápidamente de la economía agrícola de subsistencia a la industrial moderna. Pero la verdadera investigación deberá llegar todavía, dando un gran salto de productividad que aún está ligado a las viejas tecnologías. En este sentido, se están dando ya pasos prometedores en nanotecnología, biotecnología, ciencia de materiales, … Podemos imaginar así, que las aplicaciones industriales de estos nuevos conocimientos harán explosionar la productividad. No obstante, se ven grandes problemas a resolver. El crecimiento global, hoy día a niveles históricamente elevados, es asimétrico y mal direccionado. Sólo crecen las áreas del mundo emergentes (esto acarrea posteriores desequilibrios) y por otra el sistema productivo mundial está configurado, todavía, para satisfacer la demanda de un mundo basado en el consumo de los americanos.

FUENTE: www.intermepresas.net