LAS VOCES QUE CHINA NO QUIERE OIR
Número: 1206
Del 5 al 11 de diciembre

video treaming
Miles de chinos son perseguidos por defender la libertad. El escritor Liu Xiaobo es uno de ellos. Pero también los otros protagonistas de este reportaje. Un homenaje rubricado por dos de los mayores defensores de los derechos civiles, el arzobispo sudafricano Desmond Tutu y el ex Presidente checo Václav Havel, en la semana en que Liu Xiaobo recibirá el Premio Nobel de la Paz.

La reacción del gobierno chino fue inmediata. En cuanto se le concedió el Nobel de la Paz al escritor Liu Xiacobo por más de dos décadas de lucha a favor de la democracia calificó a Liu de criminal y acusó al comité del Nobel de haber mancillado el galardón. También envió agentes de seguridad al domicilio de Liu Xia, la esposa de Liu Xiaobo, en Pekín: le requisaron el teléfono móvil y la recluyeron bajo arresto domiciliario.

Nosotros ya hemos visto este tipo de comportamiento en numerosas ocasiones: en los trágicos días del apartheid, en la sombra alargada del telón de acero. Cada vez que dábamos un paso para conseguir la libertad de nuestros pueblos, perdíamos la nuestra.

Al momento de escribir estas líneas, Liu sigue aislado en una prisión en el norte de China. Esta condena de cárcel, 11 años, le fue impuesta por haber participado en la redacción de la Carta 08, un documento en el que se reclama al Gobierno chino la puesta en marcha de reformas democráticas, así como que reconozca las libertades de reunión, religión y opinión.

Los valores fundamentales sobre los que descansa la Carta 08 son tanto chinos como occidentales. Propusimos a Liu para el premio Nobel por la validez universal de su reclamación de una mayor libertad para el pueblo chino.

En su núcleo, la Carta 08 exhorta al Gobierno chino a reconocer los derechos consagrados en la propia Constitución del país. El Gobierno es firmante del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y ha ratificado el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. El primer ministro Wen Jiabao reconoció en una entrevista televisiva que la libertad de opinión es irrenunciable: «No es posible oponerse al deseo y la exigencia de democracia y libertad de las personas».

Éste no debe ser un momento de vergüenza o agravio para China; debe ser una ocasión de orgullo, en la que se celebre que un ciudadano chino ha contribuido de forma destacada a algo a lo que aspiran todas las naciones: la paz. Es una honra para una de las lenguas vivas más antiguas del mundo que las palabras de Liu en la Carta 08, palabras chinas, sean causa de tanta admiración. Y es una prueba de la fuerza y el valor del pueblo chino que las acciones de Liu sean respetadas en todo el planeta.

En la actualidad, el mundo mira a China como potencia líder más que en ningún otro momento de la Historia. China tiene la oportunidad de demostrar que es un país avanzado, como lo ha sido durante miles de años.

Si el Gobierno chino libera a Liu, China reforzará su espectacular presencia en el escenario mundial. Este país ha estabilizado la economía global en la actual crisis financiera, ahora puede demostrar que posee la autoconfianza necesaria para asumir las críticas y emprender reformas.

China ya ha dado muchos pasos valientes. Hace 30 años abrió su economía y el mundo pudo asistir, atónito, a cómo el país escapaba de la pobreza y traspasaba el umbral hacia un futuro floreciente y dinámico. Ahora ha llegado el momento de que China vuelva a abrirse otra vez y le garantice a su pueblo la libertad de competir en el mercado de las ideas.

Nosotros ya hemos visto esta historia en las iglesias de Soweto y los teatros de Praga. Sabemos cómo termina. Hoy podemos escribir sin miedo y llenos de esperanza porque nuestros pueblos han recuperado su libertad. Llegará el día en que Liu y el pueblo chino alcancen también su libertad.

El año pasado, tras su juicio, Liu afirmó: «Era consciente desde hacía ya tiempo de que el primer paso de un intelectual independiente que aboga por mayores cotas de libertad suele conducir a prisión. Hoy he dado ese primer paso y estoy mucho más cerca de la verdadera libertad».

El Gobierno chino puede seguir librando una guerra perdida contra las fuerzas de la democracia y la libertad, a las que su propio premier ha calificado de «irresistibles»; o puede situarse del lado de la justicia y liberar a Liu.

Desmond Tutu y Václav Havel

FUENTE: www.xlsemanal.finanzas.com