¿UN NUEVO "GRAN HERMANO"?
Número: 1202
Del 7 al 13 noviembre 2010

Al buscador le llueven las denuncias. Y no sólo en España, también en Alemania, Austria, Dinamarca, Canadá... La última: por su callejero en 3D, llamado Street View. Lo acusan de haber recogido datos confidenciales al tiempo que su flotilla de coches, armados con cámaras, fotografiaban casas, personas, vehículos... Un escándalo que ha puesto en entredicho las buenas prácticas de Google. ¿Están nuestros datos en buenas manos?

Una flotilla de coches negros con un aparatoso mástil lleno de cámaras y una discreta pegatina de Google ha recorrido España en los últimos años fotografiando cada centímetro de nuestras calles para recrearlas tridimensionalmente en la web y permitirnos andar por ellas como por un mapa on-line, a pie de calle. Street View [«visión callejera»] es la tecnología que facilita esta posibilidad de dar virtualmente una vuelta por los sitios antes de visitarlos o verlos en detalle sin necesidad de ir hasta ellos. La recolección de datos de estos coches es legal porque, como nosotros, Google tiene derecho a fotografiar la calle y a colgar las imágenes en Internet, pero su presencia no deja de resultar, al menos, inquietante.

Desde 2008 han fotografiado casas, árboles, vehículos y personas. Han proyectado su láser sobre las fachadas y su ojo electrónico ha espiado, desde sus casi tres metros de altura, por encima de vallas y de muros, ofreciendo una nueva perspectiva de nuestro mundo. Y es que el 80 por ciento de España está ya cubierto por el callejero en 3D Street View. Si Google Earth nos ofrece una visión cenital de nuestras ciudades, Street View nos permite recorrerlas como viandantes. Para comprobarlo, sólo hay que arrastrar al pequeño hombrecillo naranja (nuestro avatar) que aparece en la página de Google Maps hasta el lugar que queremos recorrer. Un círculo verde permite situarnos, girar la imagen, ampliarla, avanzar, retroceder... La calidad de la imagen es tan buena que hasta podríamos leer los horarios del cine.

Con Street View cedemos otro centímetro de nuestra cada vez más estrecha privacidad, pero en la mayoría de los países donde el servicio está presente las protestas han sido escasas. En España, la Agencia de Protección de Datos (AEPD) mantuvo varios encuentros con representantes de Google antes de que se pusiera en marcha Street View con el fin de que se difuminaran los rostros y las matrículas de vehículos. Además, se implantó una opción que permite denunciar la imagen al instante si la consideramos inadecuada. Pero más allá de algunas suspicacias iniciales, hubo más anécdotas que críticas. La llegada del coche negro de Google a los pueblos se convertía en noticia local, pero la gente se sentía honrada, no ofendida, como si pasara la Vuelta Ciclista por la puerta de su casa.

En el Reino Unido, un vecino de Broughton, Paul Jacobs, de 43 años, movilizó, en cambio, una especie de milicia municipal que consiguió poner en fuga al coche de las cámaras cuando quiso entrar en el pueblo. También supimos que la foto de un marido que había aparcado su flamante Range Rover ante la casa de su amante sirvió a su mujer para pedir el divorcio y que en Holanda unos famosos aparecieron ligeros de ropa. Pero donde Street View ha levantado ampollas ha sido en Alemania.

A los alemanes no les causa gracia ver sus macetas en la web. De hecho, en cuanto se supo que los coches de Google recorrerían el país, se formó una gran coalición para la protección de la privacidad. Se implicaron actores, políticos, catedráticos y ciudadanos anónimos que no quieren dejar de serlo. La ministra de Consumo, Ilse Aigner (del democristiano CDU), prometió la máxima vigilancia. Varios políticos del partido socialdemócrata lanzaron protestas airadas y, según la revista Stern, casi la mitad de los consultados afirmaba que se sentiría molesto si su casa apareciese en la Red. La actitud de muchos ciudadanos la resumió el alcalde de la localidad de Molfsee, Roman Hoppe: «Aquí no queremos tener todo lo que viene de América. No queremos estar en Internet». La campaña resultó efectiva y Alemania consiguió ser el único país del mundo donde cualquier persona puede hacer que pixelen su casa en Street View.

A pocos les sorprenderá saber que en España nadie lo ha pedido. Según la representante de Google en nuestro país, Marisa Toro, si aquí no se ofrece esa opción es, sencillamente, «porque tenemos otra sensibilidad y no somos tan celosos de nuestra intimidad. Alemania es una excepción y como tal se ha tratado». Y tiene razón, ya que la AEPD no ha recibido ninguna reclamación sobre las imágenes de edificios y el número de protestas acerca de rostros o matrículas es marginal, ya que un programa informático los pixela automáticamente.

La pasividad de nuestra sociedad civil contrasta con el celo alemán, que, gracias a una investigación gubernamental, puso al descubierto que las antenas de los coches de Google habían recogido de manera intermitente datos de todas las redes Wi-Fi sin contraseña en Alemania y el resto del mundo.

Las antenas tienen como fin geoposicionar las imágenes pero, «por error», además de las coordenadas geográficas, grabaron parcialmente los datos que circulaban por las redes abiertas, como contraseñas y mensajes susceptibles de llevar informaciones protegidas por el secreto bancario, médico o de prensa. Un hecho grave, ya que no sólo hablamos de una actividad que pudiera herir sensibilidades, sino de un posible delito. La noticia alarmó a la Fiscalía de muchos países. De hecho, los jueces han ordenado la destrucción de la información recogida por los coches en Austria, Irlanda y Dinamarca, mientras en la República Checa se ha prohibido cautelarmente la circulación de los coches de Google hasta que termine la investigación.

FUENTE: www.xlsemanal.finanzas.com