¿QUIEN TIRARA DE LA ECONOMIA MUNDIAL?
Ana Fuentes (Pekín) / José Luis de Haro (Nueva York) / Africa Semprún (Madrid)13/08/2010

Estados Unidos, el motor de la economía mundial, se ha gripado y su sucesor al trono, China, todavía no está listo para tirar de la recuperación de la economía internacional, puesto que el mismo está viviendo una profunda ralentización de su crecimiento. Con unos líderes tan debilitados por el aumento del paro, la caída del consumo, el descenso de las exportaciones ¿quién tirará ahora del carro de la economía mundial?


Barack Obama, presidente de EEUU y Hu Jintao, presidente de China. Foto: archivo

Los países emergentes,cuyo crecimiento medio para 2010 ronda el 6%, no parecen estar preparados para recoger el testigo ya que, tal y como explica José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi, "todavía dependen de la demanda final de los países desarrollados, de unos mercados financieros abiertos y líquidos y de un fuerte crecimiento del comercio".

El mundo se enfrenta a una etapa en la que ningún país parece preparado para tomar los mandos del crecimiento, una situación que alargará más la crisis. La "ralentización" que ha experimentado la recuperación de la economía norteamericana, según el propio presidente de la Fed, Ben Bernanke, podría adelantar el ascenso al trono de China, si no fuera porque el miedo a las burbujas ha llevado a las autoridades de Pekín a llevar a cabo una serie de políticas de enfriamiento, que profundizan la desaceleración del gigante asiático.

Estancamiento global
Los últimos datos confirman un estancamiento de la actividad económica china y norteamericana que han desatado el pánico a una vuelta a la recesión. Los ajustes centrados en frenar el mercado inmobiliario, el crecimiento del crédito y el consumo energético están dando sus frutos. La producción industrial china echó el freno el mes pasado al crecer un 13,4 por ciento, elmenorcrecimiento registrado en 11 meses. Los préstamos bancarios y la oferta monetaria se congelaron y las ventas minoristas aumentaron un 17,9 por ciento en julio, frente al 18,3 registrado en junio, lo que implica una ralentización del consumo.

En medio de una demanda cada vez más débil, el superávit comercial chino aumentó inesperadamente en julio a un máximo no alcanzado en 18 meses. La brecha se disparó un 170 por ciento por el incremento récord de las exportaciones en detrimento de las importaciones que se enfriaron?crecieron tan sólo un 22,7 por ciento frente al 34,1 por ciento de junio?.

La ralentización de esta economía afecta directamente a la recuperación económica de EEUU, ya que limita sus envíos al exterior. No en vano, el déficit comercial estadounidense subió inesperadamente en junio, recuperando niveles de octubre de 2008, debido al aumento del 3 por ciento de las importaciones y a la caída de un 1,3 por ciento de las exportaciones, el mayor recorte desde abril de 2009.

La escalada del déficit comercial es una mala señal para la recuperación de EEUU que, sumado a los datos negativos registrados en el último mes, impulsa los temores de una recesión en doble ola.

Una amenaza de la que se ha hecho eco el propio Bernanke quién, tras asegurar que el "ritmo de la recuperación en la economía y el empleo se ha frenado", anunció que la Fed volverá a comprar deuda pública a largo plazo, tal y como hizo en 2009.

¿El objetivo? Introducir más dinero en la economía norteamericana y combatir la actual ralentización y el riesgo potencial de que el frenazo culmine en una espiral deflacionista "a la japonesa" tal y como alertó el presidente de la Fed de San Luis, James Bullard, en julio.

La tormenta perfecta se está viendo aderezada con el debilitamiento del consumo (principal componente del PIB de EEUU) y la ralentización en el crecimiento de la economía que registró un aumento del 2,4 por ciento en el segundo trimestre frente al 3,4 registrado entre enero y marzo. En esta línea, el consumo privado ha crecido un 1,6 por ciento en el segundo trimestre de 2010, muy por debajo del repunte del 2,4 por ciento esperado por los mercados.

Una débil situación a la que se suma el empeoramiento del mercado laboral, que en el último mes destruyó 131.000 puestos de trabajo dejando la tasa de desempleo en el 9,5 por ciento mientras sigue aumentando la demanda de subsidios por desempleo. La semana pasada, 484.000 estadounidenses presentaron solicitudes de seguro por desempleo, alcanzando el máximo nivel desde agosto, lo que indica que los despidos aumentaron según se moderó la economía.

El presidente de EEUU, Barack Obama, ha vinculado la recuperación del mercado laboral con la pujanza de las exportaciones. Así, el dirigente aseguró que iba a duplicar las exportaciones en cinco años, lo que le permitiría crear dos millones de empleos.

A vueltas con el yuan
Pero, para que este objetivo se haga realidad necesita que China revalúe el yuan, incremente el poder adquisitivo de su población y, por extensión, incremente las importaciones. Pero China es la tercera potencia económica del mundo (la segunda, según anunció Pekín hace dos semanas) y abiertamente reconoce que aspira a más. "En realidad, en este país no hay un partido comunista, sino nacionalista", explican fuentes diplomáticas europeas en Pekín.

Y el nacionalismo económico quiere darle a China lo que es suyo. Por eso, las autoridades de Pekín no están dispuestas a tomar ninguna decisión que pueda lastrar sus exportaciones, la base de su crecimiento. No en vano, pese haber anunciado a bombo y platillo que a iba reequilibrar su modelo de crecimiento y a conceder mayor libertad al yuan, en dos mese apenas le ha permitido subir un 0,9 por ciento contra el dólar.

A pesar de los baches que ambos imperios tienen que sortear para recuperar niveles de crecimiento previos a la crisis, China está mejor posicionada para salir triunfante del caos económico, gracias a sus elevadas reservas y a su creciente presencia en diferentes mercados, como por ejemplo África o América Latina, donde se ha erigido como alternativa a EEUU. Ya es el segundo socio comercial de la región, con un volumen de 140.000 millones de dólares en 2008, el 40 por ciento más que en 2007.

China se ha expandido por los cinco continentes para asegurarse materias primas y nuevos mercados. Hoy es el mayor comprador mundial de materias primas y cuenta con inversiones en los cinco continentes. Es el segundo consumidor de crudo después de EEUU: ocho millones de barriles al día, de los que importa la mitad, según datos estadounidenses. La fuerza china reside en sus cuantiosos ahorros. Mientras Occidente gastaba, China llenaba la hucha. Sus reservas son las más cuantiosas del mundo: 1,87 billones de euros.

"China tiene muchas reservas, mientras que EEUU registra un déficit enorme. Este es un problema de Washington, aunque le eche la culpa a China", apunta Zhao Wei, director del Instituto de Economía Internacional de la Universidad de Zhejiang. "Ambos exigen mayores responsabilidades a la otra parte. Pero China tiene sus problemas. La recuperación económica no es muy estable y se basa demasiado en la inversión, sin animar al consumo".

Ese es el punto débil de China: su fórmula de crecimiento, basado en la inversión y las exportaciones, está haciendo aguas. Pekín sabe que tiene que cambiar su modelo e incentivar el consumo.

Cambian las tornas

Mientras China se crece ante las perspectivas de escalar puestos en el podio internacional, al otro lado del Pacífico los cimientos de la primera economía del mundo se tambalean. En los últimos 40 años, desde que el 3 de noviembre de 1969, el presidente de EEUU, Richard Nixon, hundía el dedo en llaga y afirmaba que nadie, en referencia a Vietnam, puede "derrotar ni humillar a EEUU", las cosas han cambiado mucho.

De acuerdo con un sondeo realizado por la agencia encuestadora Gallup, por primera vez en la historia una mayoría de estadounidenses considera el siglo XXI como la era del gigante asiático, mientras creen que las próximas generaciones a ese lado del Atlántico tendrán peor calidad de vida. "El misticismo sobre el poder norteamericano ha desaparecido", asegura Aaron David Miller, miembro del Centro Internacional Woodrow Wilson. "EEUU ya no es el único poder económico de la post Guerra Fría", apunta.

La radiografía económica del imperio americano ha demostrado, tras el azote de la crisis subprime y el impacto la recesión que su hegemonía es perecedera. A día de hoy, la deuda estadounidense es de 9,8 billones de euros, es decir, cada ciudadano del país debe alrededor de 42.739 dólares. Según los expertos, el déficit fiscal de EEUU superará el billón de dólares todos los años en la próxima década mientras las previsiones oficiales de la Casa Blanca señalan que el PIB crecerá este año un 3,1 por ciento y la tasa de paro oscilará el 9,7 por ciento.

David Miller, consejero político de seis secretarios de Estado norteamericanos se pregunta si "el país más poderoso del mundo puede mantener su reinado y, además, ser el mayor endeudado del planeta".

Precisamente, China es a día de hoy el mayor tenedor de deuda norteamericana y en los próximos cinco a siete años promete convertirse en el mayor productor del planeta, puesto regentado por EEUU. Las exportaciones chinas a Norteamérica se han incrementado desde 453.000 millones de euros en 2004 hasta los 945.000 millones en 2009.

El ex secretario del Tesoro, James Barker, justificó a la cadena de televisión CBS que "no se trata del declive de nuestra economía, sino más bien del renacimiento de otras potencias". Por su parte, James Fallows, editor de la revista Atlantic Magazine, reconoce que "en el caso de que el dólar estadounidense se desplome, no sólo EEUU sufriría, sino también China, por el hecho de ser el principal tenedor de bonos del Tesoro norteamericanos".

Uno de los baremos para determinar la superioridad económica de un país ha sido su porcentaje de PIB a nivel mundial. Aunque EEUU domine en esta categoría, según el Banco Mundial su economía abarca un 22,73 por ciento del planeta, el crecimiento chino galopa a un ritmo trepidante. Eso sí, esto no significa que el gigante asiático arrebatará el testigo en el medio plazo.

Al fin y al cabo, el crecimiento del PIB suele estar dominado por tres factores: tecnología, mano de obra y capital. En estos momentos, China cuenta con una gran fuerza laboral y adquiere capital pero, a largo plazo, el crecimiento acaba por moderarse. China tiene buena salud económica, pero carece del dinamismo de mercado de EEUU.

FUENTE: eleconomista.es