ALEMANIA Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
El ataque de las bombas dormidas

Cien mil bombas aliadas quedan todavía sin explotar en Alemania. Sólo en la ciudad de Berlín se han encontrado 7.000 y hay, al menos, otras 3.000 sin localizar. Hasta ahora se han desactivado sin incidentes muy graves, pero los expertos avisan: se están pudriendo y ese arsenal dormido se puede descontrolar.



En España, si das un pisotón en el suelo, puedes encontrar un yacimiento arqueológico. Los albañiles alemanes están acostumbrados a otro tipo de sorpresas: bombas ‘dormidas’ de la Segunda Guerra Mundial. Hay tantas que ni siquiera es noticia cuando los bulldozers desentierran una. Se acordona la zona, se llama a los artificieros, se desactiva y... vuelta al tajo. La rutina habitual. Cada año se descubren e inutilizan en Alemania dos mil toneladas de bombas americanas y británicas que no estallaron en su momento, además de minas antitanque, granadas de mano, obuses y piezas de artillería rusas. Casi todas las semanas hay que evacuar un barrio o cortar una carretera y esperar unas horas hasta que los especialistas se llevan la ‘criatura’, que puede llegar a pesar 900 kilos. Nadie parece inmutarse, pero últimamente algo empieza a ir terriblemente mal.


El primer aviso se dio en febrero. Unos albañiles descubrieron una bomba de media tonelada durante los trabajos de cimentación de un edificio en Gotinga, en la Baja Sajonia. El artefacto estaba a siete metros de profundidad. Siete mil personas fueron evacuadas. La bomba era de fabricación estadounidense y llevaba la típica espoleta de retardo que los especialistas se conocen de memoria. La Policía todavía estaba colocando las bandas de «No pasar» cuando el proyectil estalló. Murieron tres artificieros y otras seis personas resultaron heridas. Eran gente experta y concienzuda. Habían participado en unas 700 misiones. No hicieron nada mal, pero la bomba explotó igualmente. Sesenta y cinco años después de que un B-24 Liberator la lanzase sobre Alemania. ¿Por qué?


Segundo aviso. Berlín, a finales de mayo. Descubren otra bomba norteamericana de 500 kilos en el alcantarillado del barrio de Zehlendorf. Nueve mil vecinos abandonan sin rechistar sus casas hasta nueva orden. De nuevo, la espoleta de retardo que causó la tragedia en Gotinga, pero en esta ocasión todo salió bien... Sólo que esa espoleta tuvo a los artificieros tragando saliva todo el tiempo. La razón la explica Andreas Heil, director de Tauber, una de las muchas empresas privadas de desactivación que proliferan en Alemania, en una entrevista a Der Spiegel: «Todavía no sabemos a ciencia cierta por qué murieron tres compañeros en Gotinga, pero sospechamos que el problema está en ese tipo concreto de espoletas. Su mecanismo las hace muy peligrosas».


En esencia, se trata de un ingenioso detonador acoplado a un muelle. Si el muelle salta, un fusible libera una descarga eléctrica y hace estallar la bomba. Ese muelle está retenido por una endeble pieza de celuloide que actúa como seguro. Y después de 65 años enterrado y húmedo, el celuloide puede estar muy deteriorado. Se calcula que todavía quedan unas cien mil bombas aliadas sin explotar en el subsuelo germano. Suman entre 90.000 y 280.000 toneladas. Y cada vez son más difíciles de desactivar porque, literalmente, se están pudriendo. «El riesgo es mayor si el nivel freático fluctúa y los detonadores se humedecen y se secan unas cuantas veces a lo largo de los años. El celuloide que los bloquea se corrompe, pero los fusibles son de gran calidad: de latón, los ingleses y de excelentes aleaciones de aluminio, los americanos. Ingeniería de alta precisión. Esos detonadores siguen funcionando», añade Heil. Y seguirán funcionando durante décadas. Los desactivadores tienen suficiente trabajo para estar ocupados durante los próximos 120 años.

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FUENTE: XLSemanal