LA CLOACA GLOBAL

MICHAEL ROSENFELD

Dos millones de personas mueren cada año en el mundo a causa de la contaminación del aire provocada por el tráfico, las calefacciones y las industrias. Casi 400.000 de ellas, en Europa. Sólo esa cifra serviría para que considerásemos con más atención lo que sucede en nuestras ciudades. Una exposición de fotografía hace visible el deterioro del medio ambiente.



La niebla más mortífera de Londres no es la que servía de camuflaje a Jack El Destripador, sino la que generaban las calefacciones de carbón. El invierno de 1952 fue tan crudo que el humo de millones de braseros se quedó a ras de suelo, atrapado por una capa de aire gélido. Murieron doce mil personas en aquella mortaja de hollín en suspensión. Desde entonces, las ciudades ricas de los países industrializados alejan las fábricas, primero hacia su entorno y luego hacia los países emergentes. Cada año mueren dos millones de personas a causa de la contaminación del aire provocada por el tráfico, las calefacciones y las industrias; casi 400.000, en Europa. Los venenos gaseosos son el ozono troposférico, el dióxido de nitrógeno y las partículas en suspensión.


Pero no es la única clase de ponzoña que ha convertido el planeta en una cloaca global. Algunas son invisibles, como el CO2, causante del efecto invernadero. Otras, demasiado visibles, como los excrementos humanos y animales. A pesar de que Martín Lutero tomaba como medicina un vaso de sus propias heces, contaminan suelos, aguas y alimentos y producen la peor enfermedad que azota los países en vías de desarrollo: la diarrea. Dos millones de personas mueren cada año por esta causa; la mayoría, niños. En el palacio de Versalles, en tiempos del rey Sol, los nobles utilizaban los pasillos como inodoro. Hoy, el 40 por ciento de los habitantes del planeta carece de letrinas. Pozos negros y alcantarillas conducen los residuos a ríos y mares. La depuración va a cámara lenta. Hace cinco años, las aguas residuales de la Scala de Milán se vertían al río Arno. El teatro construyó una depuradora ante la amenaza de una multa millonaria. El otro gran desecho lo constituyen los residuos sólidos urbanos, que enterrados sin precauciones contaminan por lixiviación las aguas freáticas. En los países en desarrollo, el 80 por ciento de las enfermedades es transmitida por el agua. Los seres humanos tenemos hoy en nuestros cuerpos entre 300 y 500 productos químicos que no tenían las personas hace 80 años.


¿Y en España? Según Ecologistas en Acción, las ciudades con peor calidad de aire por contaminación de partículas son Zaragoza, Lugones, Mieres, Avilés, Langreo, Amorebieta, Zumárraga, Barcelona, El Prat de Llobregat, Sabadell, Leganés, Villarejo de Salvanés, Coslada y el área metropolitana de Sevilla. En cuanto al dióxido de nitrógeno, se llevan la palma Alcorcón, Madrid, Getafe, Valencia y Barcelona.


Un panorama oscuro, pero tampoco hay que desesperar. Hay soluciones lentas, pero eficaces, como la puesta en práctica en el río Besós, en Barcelona; estuvo considerado durante décadas el segundo más contaminado de Europa después del Rin. La fitorremediación, esto es, plantar césped y generar humedales, es un ejemplo de que la batalla no está perdida.
Carlos Manuel Sánchez
 
FUENTE: XLSemanal